sábado, 4 de septiembre de 2010

Cassagne y la concepción del derecho de huelga

Hace tiempo quienes participábamos de este blog releíamos los fundamentos de la reforma de 1949 pronunciados por el jurista Arturo Sampay para la mejor comprensión de las implicancias de la reforma de 1949 .Si bien Sampay ,tenia una clara percepción de la cuestión social y los cambios que requería la constitución para plasmar la nueva cosmovisión propia de un Estado de Bienestar social, rechazaba la inclusión del derecho de huelga como derecho de jerarquía constitucional, porque admitirlo implicaría un “rompimiento del derecho positivo”.


Como podía observarse en la CN de 1949 incurría en una plena confianza en que el Estado así como los empleadores introyectarian los derechos sociales consagrados por la CN., desconociendo que en la practica no solo basta la mera declamatoria de derechos sociales sino que se dan resistencias por parte de diversos sectores políticos y sociales para garantizar la vigencia sociológica plena de los derechos sociales. Por ello , a criterio de quien participa del blog , es de vital importancia del derecho a huelga como instrumento para la defensa de los intereses de los trabajadores.


Si bien hoy no encontramos una denegación en la consagración como la formulada por Arturo Sampay, nos encontramos con un criterio restrictivo del derecho de huelga , siendo expresión de dicha posición el Dr. Cassagne .


El citado autor sostiene ”Su inserción en el citado artículo constituye un verdadero injerto y ha venido a plantear una honda problemática jurídica ya que el status constitucional aparece en colisión directa co los derechos fundamentales en la CN produciendo una importante fractura en el sistema de garantías, al que resta operatividad y vigencia.


Toda huelga afecta no solamente los derechos de patrones o empresarios sino también de trabajadores dependientes. Pero además, y esto es lo que ha sabido verse con claridad hasta hace poco tiempo, la huelga daña el tejido social, careciendo de sentido considerarla bajo la óptica de una relación interprivada ….


Esta calidad pública que posee la huelga se refleja con mayor intensidad cuando se trata de la prestación de servicios esenciales para la población ya que si el trabajo humano goza de prelación sobre los demás factores económicos, el Estado no puede tolerar , sin agravio de justicia que las corporaciones abusen de su poder para impedir el trabajo que otros necesitan realizar. En ese plano la huelga perjudican directa o indirectamente, a todos los habitantes en su condición de proveedores, usuarios, impedidos de trasladarse de un lugar a otro…Esa mirada sobre la faceta publica de la huelga muestra la desproporción que existe en el sacrificio de unos y otros”.


Como se observara la exposición de Cassagne es pasible de múltiples críticas:


1) En primer lugar, debemos decir que la falta de vigencia de los derechos sociales resta operatividad y vigencia y genera la fractura en el sistema de garantías, y no la operatividad de los derechos sociales.


2) Cassagne parte de una concepción de que los empleadores y trabajadores se encuentran en un plano de igualdad, al manifestar que vulnera el derecho a huelga el derecho de propiedad y libertad económicas, cuando en realidad los trabajadores se encuentran en un plano de desigualdad en la negociación de la condiciones de trabajo, por el cual el derecho a huelga es un medio indispensable para defender los intereses laborales y económicos de los trabajadores.


3) Coincidimos con Roberto Gargarella que el derecho a la protesta es una manifestación de la libertad de expresión, la cual es un derecho a priori para la existencia de una plena democracia o si se quiere el nervio central de la democracia. Agrego que el derecho a huelga es una manifestación del derecho de la protesta por lo cual admitimos la prevalencia que reviste frente a la locomoción y el derecho de propiedad en virtud de su carácter de presupuesto para la democracia. Gargarella expresa “tenemos un sistema representativo, y porque hemos delegado el control de las armas y del dinero al gobierno, y si frente a este contexto además se nos quiere recortar el derecho a criticar el gobierno, entonces sí que estamos perdidos.”

4) Por ultimo viendo que esta en juego nuestro derecho protesta , hasta seria factible la rechazar la prevalencia de la continuidad de los servicios públicos frente al derecho de huelga. Sin embargo sólo podemos admitir e incluso adherir con Cassagne como limite cuando se hayan en juego los servicios esenciales que pongan en peligro la vida , la seguridad y salud de las personas. La restricción de la huelga en los servicios esenciales, en criterio de la OIT se condiciona a la exigencia de brindar a los trabajadores garantías apropiadas tales como “procedimientos y arbitraje adecuados, imparciales y rápidos”.

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La legitimidad de la protesta social. A propósito de las tomas de los colegios secundarios porteños

Hace unas tres semanas que los alumnos de distintos colegios públicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (en adelante CABA o la Ciudad) vienen realizando medidas de fuerza, en reclamo de mejoras edilicias. En particular, en una breve entrevista en televisión, uno de los alumnos expresaba que ésta no era una lucha de unos días, ella había empezado hace 7 años. Según el diario Página/12, la versión de nuestros protagonistas es que llegaron a estar en suspensión de clases 28 escuelas, mientras que la versión del gobierno de la Ciudad habla de 23. Sea como fuere, una cuestión de gran envergadura está instalada.



Aunque las autoridades administrativas de la Ciudad pretenden cerrar el conflicto con sanciones disciplinarias a los estudiantes, es manifiesto el avasallamiento de derechos constitucionales que a éstos les produce aquellas medidas. Pareciera que por la condición de ser menores de edad, les estaría vedada la libre manifestación pública en reclamo a sus autoridades.


Queremos traer a la superficie elementos jurídicos que sirvan de sustento al actuar legítimo de los alumnos.


En este sentido, la Constitución Nacional, en su artículo 14, luego de aclarar que los derechos enumerados en él se ejercerán conforme a las leyes que los reglamenten, dispone que todos gozan (…) del derecho a peticionar a las autoridades. Seguidamente, menciona el derecho de aprender. Tampoco podemos dejar de lado la libertad de expresión cuya titularidad de los escolares es clara. La referida reglamentación halla su tome en el artículo 28, que instaura el principio de razonabilidad, por el cual no podrán alterarse los principios, derechos y garantías en ella consagrados con fundamento en su regulación.


Creemos que lo anteriormente mencionado está estrechamente vinculado con el caso que se presenta en la educación pública secundaria porteña. No podemos circunscribir las palabras “peticionar a las autoridades” únicamente a la potestad que tiene todo individuo de recurrir ante la justicia. La letra de la Carta Magna quedaría restringida a un sector del Poder Público, permaneciendo los restantes, el Ejecutivo y el Legislativo, fuera de todo reclamo, toda vez que son éstos los que más suscitan controversias al momento de gobernar. Por ello pensamos que la petición puede formularse legítimamente a cualquier órgano del Estado. Por otro lado, el “derecho a aprender”, en lo que aquí respecta, entra a jugar como elemento esencial. La Educación requiere no sólo de una buena formación académica por parte de los educandos, sino también un sólido espacio para que las actividades que se lleven a cabo sean realizadas en lugares adaptados a tales fines. Esto último no queda reducido al área específica de enseñanza, abarca a toda la estructura en donde se habrán de desenvolver las relaciones sociales de los alumnos: baños, pasillos, entradas, patios, etc. Por último, la “libertad de expresión” como uno de los máximos derechos que se deben reconocer a todos los hombres, no puede cercenarse so pretexto del “orden”. Precisamente es el orden el que está alterado en las escuelas por motivo de que las medidas edilicias son escasas e insuficientes, lo que produce, naturalmente, un brote de indignación ante los “oídos sordos” de las funcionarios públicos a cargo de ello.


Por su parte, la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por el artículo 10, hace aplicable los derechos, declaraciones y garantías consagradas en la Constitución Nacional, a su territorio así como las leyes de la Nación y los Tratados internacionales ratificados y que se ratifiquen, aclarando que se interpretarán todas ellas de buena fe. Se torna harto imposible el cumplimiento del Capítulo Tercero, Educación, en particular su artículo 23, primer párrafo, del mismo cuerpo de normas, cuando las condiciones para trasmitir el conocimiento y enseñar a pensar están supeditadas a la existencia de una infraestructura deficiente. El “sistema educativo tendiente a un desarrollo integral de la persona” se convierte en muy difícil. Está claro que tampoco “la promoción del más alto nivel de calidad de la enseñanza” es de posible efectivización. ¿Qué otra situación de responsable le cabe al Poder Ejecutivo ante éstas cuestiones, cuando el artículo 24 de la Constitución de CABA le impone la organización del sistema de educación, administrando y fiscalizando, de manera que ello lleve al aseguramiento de la participación de la comunidad y la democratización en la toma de decisiones? Aparentemente las autoridades están haciendo tabla rasa con todas estas disposiciones constitucionales que venimos citando.


¿Qué pueden hacer los estudiantes ante semejante “vista gorda”? Cuando un E. Feiman sale a bastardear las medidas de fuerzas que acertadamente conducen a la concreción de diálogos entre los protagonistas y las autoridades distraídas, no queda más que decir: ¡Fuerza estudiantes!


Es insoportable el criterio de algunos ministros del Gabinete porteño, entre ellos, Rodriguez Larreta, cuando hablan de la “politización” de los reclamos, de los “infiltrados” en las tomas y los “chavistas” agitadores. Es evidente que su concepto de política se reduce al acatamiento de las órdenes superiores, cual régimen dictatorial. La política no es sólo confrontación, también es sutilidad. En una palabra, hoy a la política se la está dando la forma de normal, de vaciamiento, de paralización. Como dirían algunos referentes del Mayo francés, a la política se la está disciplinando.


Sin perjuicio de todas las críticas que se pudieran volcar contra los representantes de la Ciudad, relativo a este tema en particular, vemos que las “terribles” medidas adoptadas por los estudiantes están dando buenos frutos. A la fecha, el ministro de Educación, Esteban Bullrich asistió a la Legislatura porteña, en especial a la Comisión de Educación, a los efectos de ofrecer el plan de obras destinado a las escuelas de la Ciudad. Los medios de comunicación han centrado parte de su “preocupación” a tan ríspido problema. Se está dando importancia en fin a la voluntad de chicos que se levantan contra autoridades omisas, con el fin de obtener mejoras edilicias para poder desarrollar las actividades educativas en buenas condiciones.


Todo esto hace que los derechos constitucionales referidos adquieran plena vigencia y eficacia frente al avance de parte del Poder Público y no permanezcan redactados simplemente en papel. Hubo una clara victoria del estudiantado, pero no suficiente ni mucho menos permanente. Habrá que seguir insistiendo y exigiendo que los derechos y las declaraciones estipuladas en la Leyes, tengan vida real.


B C

viernes, 27 de agosto de 2010

¿ Por qué la razón del pueblo?

 El titulo que le hemos dado al blog puede dar lugar a equívocos, eso nos lleva a realizar algunas precisiones sobre el significado dado a los términos:



Razón: el termino razón no deben ser entendido en el sentido dado por el racionalismo individualista ni tampoco en un sentido organicista donde el Estado tendría una razón que trascendería a los miembros de la sociedad.


El racionalismo individualista, trasladado al plano político plantea un elitismo epistemológico sosteniendo que el único camino de acceder a los valores políticos es la razón pero presentándose el caso de sectores que ven condicionado el ejercicio pleno de la razón como ser: personas carentes de instrucción, de riquezas o adaptarse al modelo ideal concebido por una concepción filosófica. Este elitismo plantea el problema que es sumamente difícil para un sector de la sociedad que solamente esta habilitado de participar del proceso político representarse todos los intereses de todos los sectores involucrados en la vida social.


Por su parte el colectivismo sostiene que únicamente el esquema de razonabilidad es aquello que resulte adecuado a la Razón del Estado.


Frente a estas posiciones, sostenemos que el único camino para acceder a los valores políticos es través de la discusión colectiva .Esta discusión colectiva es quizás el camino más confiable para que la decisiones colectivas sean cercanas a la imparcialidad.

Este proceso deliberativo además de condiciones formales tiene como condición necesaria la vigencia de ciertos derechos .Si es negada la libertad de expresión, la igualdad de condiciones , la vida , la salud, etc, se pone en peligro las posibilidades de un intercambio equitativo y representativo de todos los componentes de la sociedad. Es decir que se requiere la existencia, usando palabras de Carlos Nino: derechos a priori.

En suma con este termino razón , pensamos en aludir que el pueblo a través de un proceso deliberativo donde se vean aseguradas determinadas condiciones formales así como la vigencia plena de derechos a priori es factible que puedan arribar a consensuar decisiones políticas que se aproximen a la razonabilidad , la imparcialidad , universalidad.

Pueblo: Para quienes participamos de este blog como los hemos precisado en el primer blog , no concebimos al pueblo de un modo orgánico , transpersonalista que se encuentra en franca oposición al individuo, sino concebimos como una diversidad de individuos y grupos intermedios se encuentran entrelazados por el consenso acerca de determinados valores políticos como ser : igualdad, libertad, fraternidad, justicia social , etc.

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¿ Por qué la razón del pueblo?

Debemos partir de ciertas conceptualizaciones a los efectos de no llevar a confusión nuestros objetivos. El empleo de ciertos términos, no obstante, podrían inducir a una interpretación que no es la que se ajusta a la construcción de nuestra perspectiva. Tampoco se trata de una académica lista de palabras utilizadas, lo que haría en futuro una eliminación de posibilidades. No corresponde tampoco, respecto de esto último, la indeterminación ideológica. Simplemente, lo que dirige nuestra marcha es procurar la conformación de una teoría de auténtica base socialista.


En primer lugar, como esquema metodológico, quiero expresar los motivos que nos han llevado a adoptar el nombre de este espacio, con la salvedad de que este escrito es opinión de uno de sus organizadores. Por supuesto que es de esperar réplicas de algunos “seres especialmente sensibles” que puedan verse eventualmente aludidos por lo que digamos; no nos disculpamos. A su vez, es posible también nuestra  dúplica, que oportunamente se enfrentará con aquellas argumentaciones a contrario.


Por qué Razón del Pueblo. Empezaré por la primera palabra: la Razón. No es racionalismo. No parto de Descartes, principalmente, ni de sus seguidores teóricos. No es la abstracción de la realidad, entendida ésta como sobreviniente al pensamiento. No es la separación de lo objetivamente existente (el afuera) y lo subjetivamente existente (el adentro del hombre). No es la postulación de la conocida máxima metódica, “pienso luego existo”. En sentido contrario, Razón es la entidad del proceso de racionalización, lo que no puede traducirse meramente en un discurrir. Por eso, la razón pasa a constituirse directamente en una fuerza del pensamiento, en un modo de lucha. Es, por el destino que le doy, una actividad. Ahora bien, qué entiendo por fuerza: aquella rigurosidad que socava toda forma y moldea su contenido. Esto porque necesariamente siempre viene a imponerse ante otra; en fin, es un sentido, es un poder de creación.


Frente a lo referido vislumbra otro concepto muy cercano a la Razón: la racionalidad. Aunque no apele a ningún orden natural, principios muy ambiguos para un cabal estudio de la realidad, digo que se ubica en un lugar mucho más estimable que la racionalización. A primera vista parecería que los tres términos de los que hablo confluyen a lo mismo, pero no es así. La racionalidad es una cualidad, o a lo menos, un fin a alcanzar. Variadas veces es empleada por juristas y filósofos “del equilibrio” con un pretendido objetivo rector, de rectitud. Es en ese momento cuando aquéllos la vuelven asquerosa. Seamos sinceros, la racionalidad es circunstancial, aun más, es oportuna al caso al cual se habrá de aplicar y según quién la habrá de aplicar.


Lo antedicho viene a complementarse con el materialismo histórico. Las relaciones que hay entre los hombres no responden a una “elevación” de teorías formuladas por ellos mismos, independientemente. Muy en su contra, el hombre, sus relaciones de producción y sus ideas confluyen en la armazón de su racionalidad. Por ello es que cuando hablamos de “Razón” no podemos entenderla como un elemento cultural intangible. Lo que se busca, a fin de cuentas, es la comprensión de la estructura social, esto es, la comprensión de una consecuencia de un modo de existencia: la superestructura.


La Razón, término empleado tajantemente por Robespierre en épocas en las que ella venía a cortar un opresor sistema político y social. Claro que sus resultados fueron la consagración del individualismo burgués, pieza que sin embargo fue muy estimable en la historia: vino a consagrar la utilidad del cambio, la necesidad y su posibilidad de revolucionar una estructura social nefasta e insoportable. “Razón” significó, en lo que me sirve aquí, el desprendimiento de un orden dado, es decir, un quiebre producto de las crisis sociales que arrastraban siglos en sus hombros. En fin, una Idea actuante que nacía en aquellos tiempos para enfrentar a la aristocracia reinante.


Hoy, la Razón puede indicarnos una necesidad semejante a la de los franceses del Siglo XVIII: el derrocamiento del malestar de los oprimidos. Su empleo está reservado a las “capas de barro”, al sector olvidado, a los “no-políticos” de la sociedad, en una palabra, a los proletarios. Estoy enterado de que la sociología actual duda en aquellas divisiones típicamente marxistas de la sociedad del Siglo XIX, considerando que, después de Weber, principalmente, la división de clases postulada por Marx se haya desvanecido. No obstante, dadas las condiciones económico-políticas modernas, en la que se aparenta la plena satisfacción de las necesidades básicas, que en su mayoría son las creadas por el Capital globalizador en vistas a sus propios intereses, es imprescindible tomar referentes: claramente cuando digo proletariado, y aunque a algunos pueda retumbarles el oído, menciono al sector más débil y oprimido de la sociedad: los sin recursos.


Finalmente, como resumen de lo que entiendo por Razón, digo que ella forma parte de una concepción que, tal como lo expusimos en el escrito inicial de esta página, responde a dar validez a la manifestación intelectual y práctica de los sectores populares. No es posible reducirla al ansia metafísica del perfeccionamiento del Hombre, pero sí a dar con el establecimiento de una nueva y mejor forma de vida, una transformación social del hombre y por el hombre.




Pasemos al segundo término: el Pueblo. Éste está intrínsecamente implicado, según lo postulo, a la idea de comunidad, más bien, a lo común. Ya no será como habitualmente se pretende, un sinónimo de sociedad. Comunidad implica una ligación íntima, una unión cuyo punto básico es la convicción de estar y actuar en ella. Esto se explica cuando sostenemos que el pueblo expresa una participación concreta en los distintos ámbitos que se puedan producir en su seno, tales como la deliberación sobre alguna medida administrativa en particular. Al respecto, en un interesante análisis de la palabra “comunismo”, Jean Luc Nancy, valiéndose de herramientas del existencialismo, dice que el con no significa ningún lazo externo; incluso agrega que no puede connotar lazo alguno. Pero seguidamente aclara que en realidad es reunión, relación, compartir, intercambio y sentimiento.


Por otra parte, el Pueblo no es rebaño. Mucho ha costado esa concepción al hombre, y muchos fueron lo que se valieron de elementos por demás deplorables para someterlo. Entonces, cuando utilizamos tal término, no podemos dejar de tener presente junto con él, la idea de reciprocidad. En esta línea de pensamiento, digo que el Pueblo al igual que la Razón, también es fuerza, es, en términos spinozianos, una potencia. Y yo agrego, una potencia masiva y aplanadora de la opresión: es libertaria, debe serlo.


Cuando Mao arengaba a sus filas no lo hacía desde ningún lugar superior ni mucho menos con despotismo, como algunas propagandas lo pintan. Él mismo, en sus discursos al pueblo chino, decía que todos los actos de los gobernantes, todas las decisiones que se tomen, deben ser sometidas a consideración de las masas, al prejuzgamiento. Es absurdo dirán, que cada decisión sea puesta a prueba por “los comunes” (del común), toda vez que cuando se trata de medidas administrativas por ejemplo, por su naturaleza, requiera celeridad. Pero precisamente esa agilidad tan buscada es la que por su rapidez, apareja una serie de perjuicios que, en los casos, recae directa o indirectamente contra los que menos defensas tienen. Claramente, no podemos adjudicarle más que al gran Mao Tsetung, una frase que vale la pena tenerla presente hoy: “Servir al pueblo”.


Para terminar, quisiera aclarar qué significaba aquello que había dicho del carácter “no-político” del sector proletariado, que, en esta parte, viene a colación con el Pueblo. Sencillamente consiste en aquella posición social en la cual se encuentra dicho sector. Posición que significa imposibilidad de ejercer efectivamente sus derechos, lo que se encuentra lamentablemente reforzado no sólo por una deficiente estructura jurídico formal sino también por el sistema jurídico real imperante.


Ya no quedan concesiones que hacer, ¡ya no se puede ceder! La razón del pueblo empieza a golpear esas columnas construidas con huesos humanos, esa triste armazón del “orden y la seguridad”. No es más posible soportar las simples y vacuas lamentaciones de los cadavéricos amantes del sistema. La Razón del Pueblo condena el desinterés y la neutralidad, la mentira y el descaro. ¡El socialismo es posible, digo una vez más, él vendrá a saldar las cuentas de los infames!
B C

sábado, 21 de agosto de 2010

Manifiesto


Para nosotros, el comunismo no es un estado de cosas que deba establecerse,


un ideal al que la realidad tendrá que ajustarse.


Llamamos comunismo al movimiento


real que deroga el actual estado de cosas.



Karl Marx y Friedrich Engels, La Ideología Alemana.




El Socialismo es posible. La igualdad es su fundamento. La libertad, su basamento. Lo “común” hace de sustento a todas sus aspiraciones. Lo social extiende su fuerza sobre lo individual: opera la necesaria dimensión valorativa de la comunidad.



El Socialismo no es una utopía, como gusta decir a algunos privilegiados, desesperanzados, infelices y conformistas. El Socialismo no es un sueño. Al contrario, es un sistema político libertario. Es el movimiento de las masas populares. Debemos convencernos de la falsedad de los mecanismos capitalistas y oponernos a sus resultados. Debemos saber que en tiempos en que el hombre ha perdido su propia entidad, su dignidad, para convertirse en un simple objeto de mercancía; en períodos en los que el capitalismo hace estragos en los sectores más vapuleados de la sociedad; en momentos en que la necesidad de unos se satisface a costa de otros, y a su pesar, en horas en las que, en fin, la voracidad de un sistema opresivo comienza a legitimarse, cual metarrelato lyotardiano, nos vemos en el imperioso deber de alzar nuestras armas, de destruir estas funestas reglas de juego, de acabar, de una vez por todas, con el sometimiento del hombre por el hombre.



Para que se nos entienda, no se buscan simples soluciones políticas, reconocimientos parciales de derechos, políticas de “conciencia social”, facilitadas y tan caras a humanistas o filántropos, o el establecimiento de las exigencias de los moralistas de hoy, que tan pesadamente obstruyen nuestro camino, sino de hacer posible que el bienestar de cada hombre no se logre en detrimento de otro. Lo que se pretende es, precisamente, romper con el sistema social dado.



Rechazamos el oportunismo. Políticamente no somos “centro”, “centro-izquierda” o “centro-derecha”, somos declaradamente de Izquierda. Somos socialistas. Gustosos partidos políticos, alrededor de todo el mundo, parecen divagar en sus propias convicciones. Algunos en particular, halagan sobre su condición “socialista”. Nos los creemos, no son lo que dicen: en los hechos, no cumplen sino las mismas medidas gestadas por sus silenciosos amigos.



Pensamos que ya no es posible la moderación, que ya no puede tener lugar el equilibrio, que ya no existe posibilidad de soportar el sistema instaurado. Sobreviene una necesidad, nos llama la Dialéctica, el cambio debe operar, y debemos contribuir directamente a ello.



Seguidamente, te presentamos señor lector, las bases y principios que formularemos en esta página. Y conforme a nuestra metodología expositiva, lejos de ser acabada, habremos de indicarte los puntos clave que serán el estandarte de nuestros escritos.


Además de diferentes textos relativos a la coyuntura política actual, podrá encontrar, interesado lector, una serie de escritos literarios presentados por colaboradores de esta construcción marginal.



A continuación, dejamos establecidos los principios a los que aspiramos:



- El Socialismo no es una doctrina materialista en el sentido vulgar: gran parte de la prensa y de sectores de la opinión pública sostienen que el único fin del hombre es la satisfacción de necesidades materiales. Creemos firmemente, sin embargo, que el materialismo histórico es una visión acertada. Entendemos que el hombre no es una Idea inmutable (el “Hombre”) a lo largo de todo la historia, así como tampoco sus valores ni su esencia son eternas. Afirmamos, según dicha visión, que el hombre se hace a sí mismo, y a ello también contribuye su entorno, independientemente de la participación de aquél. Sus conceptos no son intangibles; precisamente su vida gira alrededor de su realidad y varía en cada etapa determinada de la historia.


Por otra parte, para quienes participamos de este blog, el socialismo busca más que la mera satisfacción de necesidades materiales, persigue la libertad, la autonomía del hombre, así como el reestablecimiento de la solidaridad y la igualdad. De hecho, el mismo Marx repudió a ese tipo de existencia orientada “al tener”, denominándolos “hombres-mercancía”.



-El Socialismo no es una doctrina abstracta: el socialismo parte del hombre concreto en su plena consideración, es decir, el hombre que se construye, que se elabora en su vinculación con la naturaleza y con los semejantes.


El socialismo no concibe la existencia como un monólogo, sino como un diálogo en donde mi vínculo directo e inmediato con la naturaleza y los semejantes puede llegar a decir, en términos del filosofo Martín Buber: yo-tu.



- El Socialismo implica adoptar la perspectiva del desaventajado: El liberalismo, tradicionalmente planteó la existencia de la igualdad entre hombres, siendo consagrada en las diversas constituciones que reflejaban esa tendencia. Pero en el plano fáctico, la cuestión es diversa, pues observamos notorias desigualdades socio económicas, que no siendo observada una intervención estatal, difícilmente sean paliadas por el simple juego de la oferta y de la demanda del mercado. Esta razón nos lleva a afirmar que el Estado no debe limitarse a obligaciones de abstención, sino por el contrario, el Estado debe asumir obligaciones de hacer, que se manifiesta en las medidas para concretar los derechos sociales y los derechos ambientales.



-El Mercado no es un orden natural, espontáneo: Como puede observarse, el Mercado y la correlativa existencia de la propiedad no responde a un hecho espontáneo, sino a los diversos mecanismos de intervención en el plano social, jurídico y económico. Asimismo, el mercado y la política no toman los mismos criterios dado que los objetivos son diversos. A través del mercado, las empresas y demás entidades que participan del juego buscan básicamente maximizar ganancias. En cambio, el Estado tiene como eje central el desarrollo igualitario y el reconocimiento de la dignidad de cada uno de los miembros de la sociedad.



-El hombre considerado en su integridad ve sustraída, enajenada su subjetividad a través de la concentración mediática que pretende uniformar las individualidades.



-Para hacer efectivo el proyecto igualitario es necesaria la desconcentración del poder político, económico, social. Por ello, consideramos que existe un lazo inescindible entre la autonomía de cada uno de los miembros y la desconcentración en los planos antes mencionado. Si bien el socialismo en sus inicios planteó la lucha violenta como principal herramienta para lograr la desconcentración social, política y económica, creemos que el camino de las armas es contraproducente, por lo cual sostenemos que el camino actual es la democracia deliberativa.


Por ello afirmamos que los gobiernos de varios Estados latinoamericanos, como los existentes en la República Bolivariana de Venezuela o en la República de Cuba, no pueden ser considerados socialistas en sentido estricto, porque si bien en un inicio aspiraron al objetivo desconcentrador del poder político y económico, a largo plazo terminaron por consagrar una suerte de monopolio estatal.



-La democracia deliberativa no se limita a la clásica y liberal estructura de participación de los ciudadanos a través de sus representantes en los órganos legislativos, sino en la posibilidad de contar todos y cada unos con herramientas que permitan la participación directa e igualitaria en la decisión de las cuestiones vitales de la sociedad como ser: asambleas, cabildos, convocatoria a todos los sectores a audiencias en decisiones a tomar por los órganos que conforman la estructura estatal, existencia de espacios públicos en canales de aire, intervención en la aprobación de presupuestos, posibilidad de expresarse en espacios públicos , etc.



-La democracia deliberativa, además de las reglas formales que hacen a la imparcialidad y razonabilidad, tiene presupuestos de fondo que se traducen en el reconocimiento de la autonomía, dignidad e inviolabilidad de la persona.



-La democracia deliberativa tiene como requisito sine qua non la consagración y la efectivización de la libertad de expresión en todas sus formas, que van desde la libertad de prensa a las manifestaciones en la vía pública, algunas de ellas también denominadas “piquetes”.



-Esta forma de democracia parte de una perspectiva que rechaza la concepción elitista epistemológica moral, es decir que reconocemos que a través de la actividad deliberativa, todos y cada unos de los ciudadanos son capaces de acceder a los valores morales que nacen del consenso social.



- La libertad de expresión tiene un vínculo indisoluble con los derechos sociales: ellos constituyen condiciones básicas para que pueda tener lugar el ejercicio pleno e igualitario de la misma.



-El pleno ejercicio de la autonomía requiere de condiciones sociales, económicas, jurídicas así como también ambientales. Entendemos el medio ambiente como el patrimonio natural más el patrimonio histórico.



-El federalismo constituye un elemento indispensable para la desconcentración política económica así como para la preservación de las identidades.



-El pueblo es el único titular del poder político. Pero para quienes escribimos el blog, el pueblo no es un todo orgánico como lo concebía Hegel, sino al contrario, consiste, metafóricamente hablando, en una paleta de colores diversos cuyo lazo común es el consenso que nace de la deliberación. Dicho de otro modo, entendemos al pueblo como una variedad de multitudes diversas que confluyen en el ejercicio del poder estando entrelazadas entre sí por el consenso nacido de la deliberación.